La receta de María Empanadas para conquistar Estados Unidos

Lorena Cantarovici llegó a Denver con US$ 300 y hoy factura US$ 2,5 millones

La historia tiene mucho componente de evangelización. ¿Cómo se conquista a un mercado de restaurantes latinos dominado por los burritos y los tacos? Con paciencia, buenos precios y el servicio correcto. Lorena Cantarovici llegó a Denver, Estados Unidos, a los 26 años con US$ 300 en el bolsillo. Venía de México y su plan era quedarse temporalmente porque no sabía inglés.

Cantarovici llegó a Denver con el título de contadora de la Universidad de Buenos Aires y una maestría en Marketing que había realizado en México. Sus primeros trabajos fueron en un restaurante de comida mexicana, donde estuvo dos años, y en un hotel en la misma cuadra. Cuando aprendió más inglés, la contrataron como empleada administrativa de una empresa familiar.

Mientras trabajaba en un escritorio, el ritmo de la gastronomía aún le resultaba atractivo. Empezó a hacer empanadas para vender desde su casa a dos dólares por unidad. Las entregaba a domicilio, primero a conocidos y, más adelante, a compañías de catering que la contactaban.

El proyecto comenzó a formalizarse: compró dos hornos rotativos para poder cocinar más empanadas. Un tiempo después, las ganas de emprender y un préstamo de su suegra de US$ 4000 la fueron suficientes para que cambiara de idea y se quedara definitivamente en Estados Unidos. “Con ese dinero conseguí alquilar un lugar económico en las afueras de Denver y pude investigar mucho sobre mi producto, porque nadie allí sabía lo que era una empanada”, rememoró vía videoconferencia en el evento Negocios con el Mundo.

La emprendedora destacó las claves que la llevaron a su éxito actual: hoy factura US$ 2,5 millones. “Primero hice un plan de trabajo, que es una Biblia para cualquiera que quiere tener un negocio. Ahí conocí bien lo que quería, el proyecto que iba a vender, mis riesgos y lo que yo podía aportar”, contó. El préstamo, el alquiler y la evangelización fueron los siguientes pasos.

Para la segunda clave tuvo que cambiar el chip argentino: “Culturalmente lo mío era no hablar de lo que ibas a poner hasta que se pusiera. Acá es todo lo contrario: tenés que decir lo que vas a hacer para que te ayuden o para conocer hacia dónde vas”, dijo, y añadió que una parte importante de su tarea en los inicios fue hablar con personas que querían establecer negocios similares al de ella.

También se acercó al sector público. Consultó en la alcaldía de la ciudad de Denver y en el gobierno del estado de Colorado sobre programas de ayuda a pequeñas empresas. “Eso me ayudó muchísimo, porque no hay ayuda financiera pero sí guías y pequeños cursos. Traté de anotarme en todo lo que pude para aprender y conocer gente que estaba en la misma posición que yo”, sostuvo.

En esos cursos logró reunir un grupo de tres emprendedores que tenían desafíos similares a los que tenía ella. Crearon un grupo de ayuda entre los miembros y de mentoreo interno: “Nos empujábamos para seguir adelante, porque el temor de abrir por primera vez tus puertas es terrible”, recordó, y añadió: “Para eso no hace falta invertir dinero ni pagar, se trata simplemente de prestar apoyo”.

 

FUENTE: LA NACION