Andy Freire: “A las mujeres emprendedoras les va mejor que a los hombres”

Andy Freire, licenciado en economía y “emprendedor serial”, es un especialista es poner en marcha nuevos proyectos y ayudar a que los demás puedan concretar sus ideas. Cofundó exitosas empresas (como Officenet, que revolucionó la industria de distribución de artículos de oficina, y Axialent, una consultora que ayudó a compañías como Microsoft o Facebook a alinear su cultura organizacional) y presidió durante cinco años la Fundación Endeavor en la Argentina. Tras el lanzamiento de su quinto libro, “Argentina emprendedora. Cómo innovar puede producir cambios reales y decisivos en el destino de un país” (Aguilar), conversó con nosotras sobre el estigma al fracaso y otros problemas que deben enfrentar los emprendedores en nuestro país.

¿Cuáles son, en Argentina, los principales problemas de un emprendedor? En una entrevista hablabas del proceso de búsqueda de inversores…

Creo que hay tres problemas: uno tiene que ver con la dificultad de conseguir inversores, aunque si el proyecto realmente es bueno siempre hay alguien dispuesto a invertir. El segundo es la burocracia estatal relacionada con la dificultad de registrar una sociedad anónima: en Chile la podés abrir en un día, mientras que en Argentina tardás 25 días y tenés que presentar 14 documentos distintos. La tercera tiene que ver con la dificultad de encontrar algo diferencial que pueda hacer mejor que los demás: muchos emprenden copiando una idea que hizo otro (poner otro lavadero de autos, otro local de ropa, otro parripollo) y les termina yendo mal, como a todas las otras pistas de patinaje sobre hielo. Son problemas que los buenos emprendedores siempre pueden hacerle frente de alguna manera.

Existe una creencia popular acerca de que Argentina es una incubadora de emprendedores. ¿Enfrentarse a una variedad de problemas nos hace algo más “ingeniosos” o creativos? ¿Cómo nos ves en este aspecto respecto a otros países de Latinoamérica y el mundo?

Es cierto somos una usina de emprendedores: Argentina está entre los cinco mejores países en el porcentaje de la población adulta que se dedica a emprender. Siempre digo que emprender es una carrera de obstáculos, en la Argentina emprender es una carrera en la que hay que cruzar la jungla con una garrocha en la mano y un cuchillo desafilado. Esto hace que los que emprendemos tengamos la piel mucho más curtida y estemos mucho más preparados para un terreno mucho más difícil. Entonces, creo que eso por un lado es un desafío, pero también nos hace mucho mejores emprendedores, porque nos prepara para escenarios mucho más inciertos.

¿Qué lugar ocupa el crowdfunding o financiamiento colectivo hoy? ¿Está generando cambios?

La tecnología ayuda a que puedas llegar a potenciales inversores de una manera muy fácil y que aquellos que tienen algún ahorro para invertir puedan ver qué opciones tienen de una manera muy fácil. Es agregar muchos pequeños inversores que quieren invertir en tu proyecto sin intermediarios; por ejemplo, hay gente que puede apoyar el proyecto de tu película con $10, $20, $100. Sin embargo, no deja de ser cierto que es difícil conseguir inversores y que las plataformas de crowdfunding que hay hoy en Argentina todavía no tienen el volumen y la masa crítica que podrían tener.

Entonces… ¿En qué medida ayuda a los emprendedores?

Ayuda un poco a este problema, pero no lo termina de resolver para nada. Siempre es bienvenido, pero eso no te va a hacer llegar adonde querés ir por sí solo.

Las mujeres enfrentan, además, otros desafíos… Incluso las (propias) autolimitaciones que nos imponemos. ¿Es así?

Totalmente. Los emprendedores, en general, usan la excusa de que hay pocos inversores para justificar por qué no empiezan su proyecto. Las mujeres también: más allá de que el contexto es difícil, usan el contexto como excusa para no emprender. Y hay algunos datos interesantes: objetivamente, las mujeres emprendedoras son muchas menos que los hombres, pero está demostrado que a ellas les va mucho mejor que a ellos emprendiendo, es decir, tienen tasas de retorno mejores que los hombres a la hora de emprender (35% más de rendimiento, según el estudio Women in Technology: Evolving, Ready to Save the World de la Fundación Kauffman). Son muy talentosas y no te lo estoy diciendo por mi intuición: les va mejor que a los hombres, pero son muchas menos. La invitación es a que entendamos que todos tenemos la capacidad de emprender y yo creo que la mujer, en particular, tiene una tenacidad muy especial que tiene que ver hasta con el componente biológico de tener que enfrentar situaciones muy críticas como dar a luz, y el emprender tiene mucho que ver con poder enfrentar situaciones límites y poder responder. Así que creo que las mujeres tienen una ventaja competitiva respecto a los hombres a la hora de emprender.

En una empresa o sociedad, la mujer suele ser la que se queda puertas adentro haciendo lo operativo y el hombre es el que sale a vender y se muestra como la cara del proyecto. ¿Por qué se asumen estos roles?

Creo que es cierto. Creo que evolucionamos mucho en términos de inclusión de la mujer en un contexto social y en equipararse más con los hombres, y creo que todavía falta muchísimo. Este ejemplo es parte de la realidad social que enfrentamos, pero no veo ninguna razón para que esto tenga lógica. Las mujeres se diferencian mucho más en el contexto emprendedor por ser menos, en ese sentido, la diferenciación es un activo. Parte del problema del mundo emprendedor es que todos son muy parecidos y que todos hacen más o menos lo mismo; entonces, cuando una mujer entra en un mundo de hombres, en general, es disruptiva en el buen sentido, y es algo que la mujer tiene que aprender a aprovechar mejor.

¿Tenés alguna clave para manejar la autoexigencia y, con ella, el miedo a equivocarse, a fracasar?

Tenemos que trabajar mucho el paradigma del fracaso, desde cambiar leyes hasta cambiar un poco el espíritu de qué es fracasar. En el mundo emprendedor se llama capital de riesgo y quiere decir que estás asumiendo un riesgo y, cuando alguien invierte el capital de riesgo, asume que hay algunos que van a ir bien y otros, mal. Pero eso no te hace menos valioso como emprendedor: es imposible que la pegues en todas. Mi primer emprendimiento (fabricar los buzos de mi universidad) fue un fracaso: se encogían, se borraba el estampado… Te puedo asegurar que cuando después armé Officenet tenía tanto conocimiento de lo mal que me había ido en el proyecto anterior que estoy seguro que me fue valiosísimo, fue un curso de aprendizaje fenomenal. Así que creo que hay que trabajar el estigma al fracaso y valorar a aquel que asume riesgos. La Argentina necesita gente que innove y se anime a probar cosas. La innovación sin fracaso no es innovación, requiere experimentar, probar, fracasar, volver a probar… Porque si no, no vas a hacer nada distinto. Hay que salir de la zona de confort y animarse a probar.

 

FUENTE: CLARIN